La realidad de las cosas no siempre es evidente a primera vista.

sábado, 1 de mayo de 2010

Amigos en el camino, etapas de una búsqueda

Para el caso de quienes alguna vez vivieron en el instituto religioso de la Compañía de Jesús, que fueron admitidos e integrados en alguna forma, y que por alguna razón dejaron la orden, es probable vivan con alguna de la experiencia mística de San Ignacio y los primeros compañeros los acompañe en el resto de su vida.


Probablemente en alguna de las etapas de las probaciones no dieron el “perfil” para avanzar en su integración en la orden; probablemente les faltó la “quietud” en su alma, temperamento o a su inteligencia no le resultaba propio el modo de la compañía para hacerlo su proyecto de vida; en algunos casos se pidió “salir” de la Compañía, en otros caso se siguió el protocolo que San Ignacio en diversas formas (para diferentes casos) estipuló como una forma de no admitir, o ya admitidos, fueran dimitidos de la orden.


El paso por la Compañía en la mayoría de los casos se constata, deja marcas: la fuerza del espíritu, el ánimo fraterno, los estilos de vida común, el liderazgo de los superiores, la experiencia de la oración y el discernimiento. Cada persona guarda en sí mismo en su historia personal lo que le haya quedado, haciéndose difícil establecer un tipo de patrón o patrones específicos que pudieran ser determinados cuantitativa (por lo profundo) o cuantitativamente (por el tiempo que haya durado la persona en la orden)


Resultan claras las líneas del modo de proceder de la orden que se mantienen con puntual fuerza y le dan base a toda la institución: los ejercicios, el examen, el discernimiento, el estilo de trabajo, la organización obediencia / votos, la forma de corregir, la disciplina que implica vivir y trabajar en una comunidad, la preocupación mutua por la comunicación profunda, la comunicación afectiva, la preocupación mutua por los hermanos, la temperancia de las pasiones y la corrección fraterna, la cuenta de conciencia, el modo de enviar, el modo de resolver los encargos (en la misión), la búsqueda del bien mayor (el magis) y la flexibilidad de la inteligencia para salvar lo principal de la misión haciendo los ajustes según el contexto en el que se realiza el servicio al evangelio.


Los “perfiles” y requisitos para ingresar a la compañía y avanzar en cada etapa (admisión a tres probaciones) y los “perfiles” de los superiores (de comunidad, de obra y de provincia) son criterios nítidamente establecidos en las Constituciones, con la instrucción de aplicarse con tanto rigor como con flexibilidad en atención a un bien mayor. Esta es una clave primordial en la eficacia institucional para el logro de los objetivos y el impacto social de la orden.


Quien pidiendo la admisión e incluso habiendo sido admitidos para las probaciones en la orden, eventualmente puede determinarse que cumplen con el “perfil” para avanzar en la integración de la Compañía; esta es una tensión permanente a lo largo de la vida de todo jesuita. Para el caso de quienes no eran admitidos o que se requiriera su dimisión de la orden, en la visión espiritual de San Ignacio y los primeros jesuitas la clave no era (ni es) la exclusión institucional en sí misma, sino que se trata de un proceso que, en el proyecto de vida de la persona, se toma el paso por la Compañía como una etapa dentro de la búsqueda personal y el discernimiento de la voluntad de Dios en la propia vida. La razón por la que se pide entrar en la Compañía, es la misma por la que se inicia el proceso de la dimisión de la orden a pedido de la misma persona o por sus superiores. Así se expresan en las constituciones este principio: “Como conviene para el fin que en esta Compañía se pretende del servicio de Dios nuestro Señor en ayuda de sus ánimas, que se conserven y aumenten los operarios que se hallaren idóneos y útiles para llevar adelante esta obra, así mismo conviene que los que se hallaren no tales, y en el suceso del tiempo se entendieren que no es ésta su vocación, o que no cumple para el bien universal que queden en la Compañía, se despidan. Aunque como no debe haber facilidad en el admitir, menos deberá haberla en el despedir, antes se proceda con mucha consideración y peso en el Señor nuestro. Y aunque debe ser las causas tanto mayores cuanto cada uno está más incorporado en la Compañía, por mucho que lo estuviere, podría quien quiera en algunos casos y debería ser apartado de ella.” (Constituciones 204)


Sea que las personas que fueron admitidas en la compañía en algunos de sus grados decida abandonar la orden religiosa o por decisión del superior, se genera un proceso que derive en la salida del miembro admitido o en proceso de admisión, “ayudándolos con consejo y lo más que la caridad dictare, para que en otra parte sirvan a Dios nuestro Señor, luego podrán despedirse” (Constituciones 192, referido al modo que se ha de tener con los que admitieren a la segunda probación, conocida como noviciado)


La descripción del “modo de despedir” en las Constituciones inicia así: “Con lo que hubieren de ser despedidos se debe observar el modo que conviene para más satisfacción ante Dios nuestro Señor así del que despide, como del que es despedido y de los otros de casa y fuera…” (Constituciones 218)


Para el caso de quien es despedido, se procurará que haya satisfacción en cuanto a lo exterior, que vaya de Casa cuanto se pudiere, sin vergüenza o afrenta y llevando consigo todo lo que es suyo. (Constituciones 225) En cuanto a lo interior, que procure enviarlo cuanto en amor y caridad de la Casa y cuan consolado en el Señor nuestro pudiere. (Constituciones 226)


El núcleo de toda esta cuestión radica en que a toda costa, instruye Ignacio, se deje a salvo tanto en el plano psicológico la autoestima profunda, como en el plano espiritual, la búsqueda de la voluntad de Dios. De esta forma, la cuestión no es sin más un proceso (rudo o suave) de exclusión, sino que se viva como una etapa en su propia búsqueda. Así, San Ignacio en las Constituciones instruye al superior que dimite a un jesuita (y en el mismo tenor al novicio o al candidato) para que “…Cuanto al estado de su persona, procure enderezarle para que tome otro buen medio de servir a Dios en la Religión o fuera de ella, según pareciere más conforme a su divina Voluntad, ayudando con consejo y oraciones y con lo que más pareciere en caridad.” (Constituciones 226)


Por criterios de sanidad psicológica y en el plano espiritual, las constituciones disponen considerar la situación de quienes se quedan en la comunidad ante el proceso de la salida de algunos de sus miembros, incluso de personas cercanas a la comunidad por alguna razón: San Ignacio y los compañeros dispusieron que el responsable del conducir el proceso (un superior normalmente) procurase ninguno se quede con turbación en su espíritu de la despedida, sin que se queden “desabridos” ni con mal concepto de él en cuanto sea posible; antes que le hayan compasión, y le amen en Cristo y le encomienden a su divina Majestad en sus oraciones, para que sea servido de encaminarlo y le haya misericordia (Constituciones, 229 y 230)

Rematan estas reglas, algunos puntos relativos a quienes por su voluntad pidieron salir de la Compañía o fueron despedidos, en cuanto a que abre la posibilidad (casos y proceso) de poder incorporarse de nuevo a ella. (Constituciones 231-242)


Este es el marco institucional y las reglas que sobre el punto particular han regido y rigen en la Compañía de Jesús, con sus reacomodos y sus actualizaciones convenientes al tenor de los inicios del siglo XXI.


De una revisión general de las Constituciones no parece que San Ignacio y los primeros jesuitas reconocieran como un sector colaborador (potencial o real) para sus misiones, de entre quienes se hubiere dimitido de la Compañía de Jesús. Colaboradores y colaboradoras de la Compañía de Jesús en el plano espiritual, en el orden práctico e incluso en la relación laboral es claro que siempre ha habido y no se explicaría mucho del logro histórico de la orden sin el apoyo de personas “fuera” de la Compañía en la realización de su labor. Este es un punto relevante si se toman en cuenta las condiciones sociales en las que la Iglesia cristiana y católica enfrentan en el marco del inicio del tercer milenio. Es probable que se esté presionando por un modelo de Iglesia más abierta, más centrada en los valores evangélicos, que se concreten más formas de vida y participación comunitaria y haya menos énfasis en el protagonismo del clero, menos culto pomposo y menos énfasis en algunas formas de religiosidad primitiva que promueven ciertos sectores del clero que conllevan una imagen mágica de Dios con quien se establece una relación muy parecida al comercio: “te compro tu gracia... un pase al cielo...”


En este sentido es de valorarse el estilo ignaciano en la espiritualidad para caminar en la vía del divino servicio, integrar en la vida la fe y la justicia, construir comunidad e integrar todos sus carismas en la vida de la iglesia, en revisar y asumir con paz las cuestiones organizativas y prácticas con un sentido más humano y más sereno, como la cuestión de la sexualidad en general y el celibato sacerdotal en particular. El papel de las mujeres en la iglesia reclama un profundo discernimiento y no una simple la represión de iniciativas.


Quienes compartieron en un momento de su búsqueda el modo de proceder de los jesuitas en su proyecto de vida y por alguna razón salieron de ella, pueden incorporar en su aporte, en su búsqueda del servicio divino o en su realización de los valores evangélicos dentro de sus posibilidades y capacidades, los elementos del estilo ignaciano y de la Compañía de Jesús, consolar a los hermanos en el camino y compartir la vera historia de su espíritu y los aprendizajes que la vida le ha dado en el seguimiento de Jesús y sus ratos de reflectir para “sacar algún provecho.” Para quienes fueron algún día jesuitas y ya no lo son, al menos formal e institucionalmente, la misma orden y las amistades que permanecen con quienes siguen en la Compañía, sigue siendo motivo de consolación y en algunos casos pasa a ser una etapa superada. En el plano humano algunas circunstancias pudieron haber sido dispares e incluso desagradables: la diferencia probablemente pueda estar en mantener una actitud de reconciliación con la vida, superar etapas y rescatar la experiencia en el plano espiritual, como siguiendo el discurso: buscando a Dios entré en la Compañía… buscando a Dios salí a seguir el trabajo.


El padre Nicolás sostuvo hace unos días en Guadalajara durante su visita a México, que los retos de los jesuitas son los mismos que de cualquier cristiano en la iglesia. Al margen de que haya sido una respuesta un tanto esquiva porque pretendió fijar una igualdad donde hay una desproporción; y es que “cualquier cristiano” no tiene la solidez institucional, la experiencia, los recursos que tiene la orden de la Compañía de Jesús. En cualquier caso, vale la pena asumir esta igualdad en los retos y asumir que en el servicio de la fe y la promoción de la justicia puede haber diferentes acentos, recursos, ánimos y formatos organizativos.


Para el caso de quienes caminaron y vivieron la “marca” espiritual ignaciano y la marca institucional de la Compañía, hay un regalo y una misión, un don y un trabajo pendiente para vivir los valores y los principios evangélicos y aplicarlos en las condiciones de vida que se vayan generando: en la relación conyugal y familiar, en el acompañamiento con los hijos y las hijas, en la pertenencia a una comunidad , en la preocupación por construir una patria. La marca de San Ignacio, la marca de la Compañía en la iglesia pone a quien vive “por la libre” en una actitud de abrirse al espíritu y discurrir para sacar algún provecho, discernir para sentir hacia dónde apunta y lleva el espíritu de Dios, para que en camino uno pueda consolar y ayudar fraternalmente a los hermanos (próximos) Esta marca en algún modo es una experiencia de sentido que como don de Dios hay que agradecer, como logro personal es preciso mantener y como riqueza espiritual hay que compartir. Ahí descubro un reto que tenemos como personas, como seguidores y amigos de Jesús en la causa de su Padre, marcados por una experiencia institucional que habrá conocerla, vigorizarla y actualizarla, para usarla en nuestro favor.


Guadalajara, Jalisco, abril 2010


Guillermo Ortiz Vázquez

jueves, 22 de abril de 2010

Visita a México del superior general de los jesuitas

Espíritu sólido, energía fluida, optimismo prudente, una fácil sonrisa y una inteligencia aguda dejó el superior general de los jesuitas en el mundo, el padre Adolfo Nicolás en su intervención hoy por la tarde en el auditorio Pedro Arrupe (otro superior general jesuita entre 1974 y 1981)

Su intervención larga y bien balanceada, me confirmó la marca del carisma ignaciano: discernimiento, flexibilidad para logro de objetivos, realismo, análisis de la realidad, focalizado en el amor a Dios y al próximo.

Sin ningún recurso argumentativo ni de comparación facilona que pretenda ofender, confirma la imagen (no siempre confirmada) de ser la orden de la compañía de Jesús la mejor del mundo (al menos la más numerosa)

El otro componente tan importante como la visita del padre Adolfo, fue la audiencia: el auditorio lleno a tope y las sillas de la explanada fuera del auditorio (apoyado de una pantalla gigante) Personas venidas de lejos y de cerca, atentas, en silencio, sin ninguna interrupción al fluido discurso del padre, como queriendo escuchar lo que dijo y queriendo escuchar más y decir más. El formato no lo permitió, pero el silencio era más fuerte que parecía. ¿Qué vino a escuchar y a decir estas personas hoy en el auditorio? Habría qué leer las preguntas que por escrito se hicieron llegar al padre Nicolás por conducto de los padres rector del Iteso y el provincial jesuita en México -personas del tamaño espiritual del mismo padre Nicolás. No lo sabré, al menos no pronto. Lo que sí intuyo es que la presencia de estas personas, su ánimo, sus sonrisas y sus expresiones me hablan de un ánimo de compartir el trabajo codo a codo con la orden religiosa, ganas de hacer comunidad, vivir la iglesia y enfrentar los retos del seguimiento de Jesús.

Ni una sola mención al asunto clerical católico y los estiras y afloja tradicionales entre el clero diocesano y los jesuitas. Ni al caso. Se trata de construir y aquí hay ánimo, hay trabajo, hay compromiso y muchas ganas de aportar, de contribuir a la consolación que da el abrirse al espíritu. ¿Será?

Gracias al padre Nicolás, al padre Carlos Morfín, al padre Juan Luis, a los jesuitas y personas colaboradoras por su labor y por los espacios que van abriendo para ser iglesia en esa forma tan sana, libre, flexible y amorosamente discernida que Ignacio aprendió y supo promover entre sus primeros compañeros: un regalo del siglo XVI que nos ayuda en el XXI para abrirnos al futuro.

viernes, 9 de abril de 2010

Usted lee esto por: a) es un ocioso, b) no tiene remedio y c) no entendí la pregunta.

“Ridículo”, decir que el Papa protegió a Maciel: Lo dijo: a) Maité Gaos por el éxito "Rosas en el Mar" de la cantante Maciel; b) La federación nacional de Tenis por el triunfo de Pancho Maciel cuando era chavito. c) el Vaticano. d) ¿De qué Maciel hablamos?

La escuela es: a) Una pérdida de tiempo, la vida es la mejor escuela. b) Un negocio de monjitas y sindicatos. c) Una tortura para niños /as. d) Algo que nunca ha entendido OAF. e) Una perversión social. f) Una fantasía legionaria.

¿El Palacio Nacional es una tienda que está por el centro? Fue una pregunta de: a) una actriz egresada de la academia de Televisa; b) El Niño Verde; c) Un proyecto trunco de un promocional del Palacio de Hierro; d) Una idea de la agencia de publicidad que promueve la librería Gandhi; e) Emilio González, cuando la propu ...sieron ir a un debate con Peña Nieto y M. Ebrard en TV.

¿Vamos a comportarnos como caballeros o como lo que realmente somos? fue: a) Una pregunta que hace Cantinflas en una de sus clásicas películas en blanco y negro (porque luego como que decayó la cosa) b) Una iniciativa para el momento en que las y los funcionarios públicos juren desempeñar su cargo. c) El dilema que enf ...renta la militancia de cualquier tipo (sindical, política, clerical e incluso de la delincuencia)

Chinguen a su madre" fue: a) últimas palabras de Maciel antes de partir, b) Emilio G. durante una cena de caridad en la Expo Gdl, c) Ramírez Acuña al ganar el distrito 8 de Jalisco; d) Un eje del programa de gobierno de un partido político en México. e) Una forma de celebrar / lamentar el resultado de algunas votacion ...es en la Cámara de Diputados en México? Usted vote, nosotros lo anulamos.

martes, 2 de marzo de 2010

Gobernadores con acciones frívolas y de notoria improcedencia que acusáis al prójimo sin razón sin ver que sóis la ocasión de lo mismo que culpáis

La derecha delirante avanza, junto con la ignorancia, cual ficha en un laberinto de estaciones: no sabe a dónde va, imagina que va, cree que va y arrastra con sus prejuicios y falsos valores (que los confunde con cosas buenas) a precipicios y callejones sin salida.

La derecha en Jalisco llegó al poder desde las enjundias soterradas de liturgias oscuras alumbradas por las velas y los tizones ardientes para calentar el yunke y el marro. Infiltraron organizaciones cual virus y trastocaron el corazón de católicos que tornaron la acción católica por la acción nacional de cierto sabor francés, para resistir la educación socialista de Lázaro Cárdenas en 1939. Los patriarcas de la AN cedieron en el relevo generacional reciente y dejaron bravos chiquillos, llenos de mentira, antro, maltrato y abandono de la función pública, confundiendo el insulto con la ostentación sana del poder. Se llevaron hasta el agua corriente y generaron un malestar social igual o mayor del que querían remediar cuando ganaron en las urnas en 1994. Dicen que el jefe de jefes les grita y los manda con insultos, que de ahí a los Pinos hay solo un paqueño paso, pan comido.

Toca caminar por el servicio público, la solidez de las instituciones, convertir las normas en una guía segura para el cambio social, enfatizar el sentido social del gobierno para todos, respetar derechos... Esa materia rara, simbolismo etéreo pero sólido que es la procuración del interés público. La derecha se cocina en su propia tinta; no requiere enemigos. Toca abrir puertas.

jueves, 28 de enero de 2010

Quien no distingue la basura de la comida

Desde hace meses estoy involucrado en el diseño de un programa que inicialmente previene el abuso y la adicción a las drogas. Al poco tiempo caí en la cuenta de que es como hacer una campaña para promover que la gente ya no coma basura, caca y deshechos orgánicos. Visto en bruto, la cosa no tiene nada especial, salvo que es un mero reciclaje de carbono, hidrógeno y otras linduras. El caso es que se nos ha enseñado que eso no va con la salud. ¿Porqué para algunas personas sí les va? El caso del consumo de drogas tiene al menos tres lugares: la ansiedad manejable, el mundo del placer y del sentir (como la zona del vestir) y la compensaciòn que se va al despeñadero.

El mundo de las drogas le da al ser humano una salida a ciertas ansiedades generadas porque no conseguimos una ilusiòn o una expectativa (alta o moderada) y ayuda a sobrellevar con cierto decoro el trabajo, los compromisos, las tareas, las obligaciones (libres y las impuestas) de la vida. En esa parte creo está la inmensa mayoría de la gente que consume mucha o poquita droga que llamamos "blanda" e incluye las tradicionales drogas como substancias que alteran la percepción, la conciencia y en general la sensibilidad. Se trata de drogas que nos hacen ser funcionales en esta perra vida (o a hacerla más chida, para quienes no les va tan mal)

El mundo de las drogas, al igual que el mundo del sexo y otras linduras gozables, tocan la sensibilidad, el mundo sensible, los sentimientos, la búsqueda de sentirse bien, sentir bien al mundo y nuestras relaciones, evitar el dolor y abrir a un mundo impresionante y que nos mantiene vivo. Aquí inicia la guerra entre quienes afirman que está bien eso del "sentir" porque hay un orden natural al que otro sector añade que hay un orden divino y de ahì no salen. En estas coordenadas, ciertas prácticas de la sexualidad y el consumo de drogas (duras, blanditas, remojadas y empanizadas) cae fuera del orden divino. ¿Què es eso de sentir sin fronteras? Es darle mucho poder a la loca de la casa. ¿Drogas para experimentar la uniòn con Dios, el universo y la naturaleza? Locuras. De ahí sale toda la carga de odio, rechazo y condena a un mundo precìsamente generado por quienes desconocen el mundo de la sensibilidad humana. Hay quienes sostienen que el salto cualitativo de la humanizaciòn de los primates se dió con el factor droga. ¿Serà?

Finalmente, el mundo de la droga lleva a sus feligreses más destacados, prendidos, clavados y atrapados en su torbellino, como quien se despeña en una pendiente de lodo que termina vaciando a la persona en un abismo del que algunos salen... otros no. La disputa por la aceptación social, la despenalización legal de la producción, comercialización y consumo de droga a penas si toca el primer mundo del que hablamos: los dos siguientes son caminos ignotos, inaccesibles e imposibles para una exploración sobre la droga en la humanidad. No se sabe bien a bien de los que se despeñan al abismo de las drogas, que quiebran su cuerpo y terminan yéndose de este mundo antes de irse (eso se sospecha) Probablemente (se sospecha) que es algo terrible perder la libertad en manos de una sustancia llana y vulgar, cuando la libertad es el preciado valor que hace al humano ser más humano (casi siempre y combinado con la proporciòn adecuada de otros ingredientes)

Mi sospecha es que el abuso y adicción a las drogas en sus grados moderados y extremos, significan que hubo un vacío a la aspiración de humanidad de alguien que, al no poderse llenar, se llena de droga. En lugar de proyecto, la vida se llenò de euforia, place, sentir vigoroso o mugroso para algunos (distorsionado o lo que se quiera) pero más satisfactorio que lo que la miseria de la vida ofrecía. Que faltó amor o no se entendió, que si se promoviò el sentido de la vida y no se encontrò la puerta... ¿quién sabe?

Hay personas a quienes hay qué ayudar en su recuperacion de las drogas; se parece a alguien que perdió el volante y los controles en su vida (similar a lo que ocurre con vehículo automotor en marcha) De otro lado, probablemente lo que hay que buscar es sembrar y apoyar que las personas a nuestro lado construyan su vida llena de sentido y proyecto (se puede ser feliz en este mundo miserable) empezando por uno mismo, claro.

¿Será?

martes, 22 de diciembre de 2009

Ande, ande, ande, amarimborera... ¿Qué diablos es la amarimborera?

Avatar. Ya habíamos visto el tema y la trama: personajes parecidos (Lorenzo de Arabia, Mohicano, Samurai, Pocahontas, La Misión, Danza con Lobo) aunque en este caso el final es parcialmente feliz. En la historia, la literatura y la historia del cine los finales felices de los episodios son más bien raros. Conquistadores, colonialistas llegan al nuevo (para ellos) mundo, ven el negocio y proceden a la explotación a cualquier costo. Fauna y flora local son barridos en nombre del progreso: me suena, me suena... Los navegantes europeos del siglo XVI (dicen) debieron sorprenderse de los nuevos parajes que tenían a la vista en oriente, africa y las indias occidentales. Tal es la estampa de la vista del planeta Pandora (una visión recargada de Nueva Zelanda, pues) James Cameron cuenta con Avatar un concentrado histórico y simbolizado en el futuro (2154 o algo así) La música es inmejorable; los efectos especiales y la tecnología imaginada y la descrita, junto con los reportes de divulgación científica tipo "Discovery Channel" no se escatimaron en costos ni con el ejército de personas que colaboraron en este filme.

Puede resultar muy simplona la denuncia del deño humano contra el planeta y la guerra preventiva que genera el capitalismo sórdido que cobra los diamantes con sangre de los indígenas negros, amarillos, cafecitos o azules. La buena: es de agradecer a James Cameron su aporte en este griterío histérico, drogadicto que clama por conectarnos a lo profundo del planeta. La mala: enel mundo real, el final feliz es para los matones y la expansión del capitalismo.

domingo, 29 de noviembre de 2009

De crisis a crisis

A estas alturas del partido pudiera resultar difícil saber cuál de las crisis por las que pasamos en estos tiempos que corren son las que más ponen en riesgo la viabilidad de nuestra sociedad.

La crisis del capitalismo y sus devastadores efectos sobre el proyecto de vida de tantas personas en el mundo occidental.
La crisis del clima y el agotamiento del petróleo, con los daños colaterales evidentes por demás: cambio climático y las guerras que siguen por el agua.
La crisis en ciertas sociedades que supone el no poder distinguir lo negro de lo blanco, los límites de las libertades, lo que nos revienta de lo que nos hace más humanos. Siguen las listas de los ricos y famosos (Forbes) en las que se admite por igual la delincuencia y los sectores de mejor imagen.

¿Qué mensajes hay aquí? a) preparan un golpe al gobierno mexicano y para ello hay que calentar la plaza con una soberana descalificación del titular del ramo. b) el sector capitalista finalmente sale del clóset y abiertamente se declaran todos al mismo nivel de la delincuencia: lo que cuenta es quién tiene más dinero, sin importar cómo lo adquiere. c) Es irrelevante que en los Estados Unidos de Norteamérica haya o no grandes capos de la droga porque esos pobres no han logrado reunir tanto dinero como para competir con nuestro inefable capo potentado local. Inquieta saber que las cuentas de las instituciones financieras lleven por igual el registro de los movimientos limpios y sucios; tal vez para ellos no hay billetes sucios y todos van.

¿Qué podemos esperar de estas crisis? El apocalipsis o el trabajo tezonero con el que se suele esperar a que las aguas bajen a sus niveles naturales y volvamos a recuperar la tranquilidad de la "normalidad" en la que pueda ser un poco más respirable la atmósfera que nos toca en este pedacito de la historia que pasamos. En tiempos de crisis las apuestas por la escatología y los azotes apocalípticos hacen de las suyas y siembran de miedo a la población. El riesgo de caudillos iluminados, situaciones de violencia o el acostumbrarse y tener como normal situaciones completamente anormales e inhumanas es grande.

Toca a cada quien tomar lo suyo y poner su parte en estos tiempos de crisis: a más poder, mayor responsabildad. ¿Será?